Hernán cerró la puerta del auto con tanta fuerza que el golpe retumbó dentro de la calle silenciosa.
No arrancó enseguida.
Se quedó sentado frente al volante, con las manos apretadas sobre el cuero, mirando la puerta de la casa de Eva como si todavía pudiera abrirse para dejarlo entrar.
Pero la puerta no se abrió.
Eva lo había echado.
A él.
Hernán Del Valle.
El hombre que durante años había entrado y salido de esa casa sin pedir permiso. El que había decidido horarios, viajes, cena