—Papá, no quería hacerte sufrir —dijo Nahuel, con la voz rota—. Esto me está matando.
Agustín se quedó inmóvil.
Algo en el tono de su hijo le heló la sangre.
—Hijo… ¿qué pasa? ¿Qué hiciste para pedirme perdón así?
Nahuel negó con la cabeza. Las lágrimas ya le caían por la cara, pero no se las limpiaba.
—No puedo más. No puedo ver cómo ella se burla de ti. De todos.
Agustín lo miró sin entender del todo.
—¿De qué hablás?
—Hace mucho tiempo que sé esto.
El miedo empezó a abrirse