Eva bajó la mirada hacia el vientre de Sonia.
—¿Estás embarazada de Hernán?
Sonia asintió.
Las lágrimas volvieron a caerle, pero ya no intentó ocultarlas.
—Sí. Y me mandó abortarlo.
Eva sintió una punzada de asco.
—¿Te lo dijo así?
—Me dijo que me sacara este problema de encima y que le mandara la boleta.
Eva apretó los sobres contra el pecho.
—Sonia, escuchame bien. No hagas algo que no querés hacer. Es tu cuerpo, tu vida, tu decisión. Nadie puede obligarte. Menos él.
—Yo ya