Eva salió del consultorio con las manos frías.
No era por el clima.
Era por Agustín.
Era la forma en que la había mirado cuando dijo “por vos”. Era esa pregunta que todavía le vibraba en el pecho como si alguien la hubiera dejado encendida dentro de ella.
¿Y qué hacemos con todo lo que no deberíamos hacer?
Había estado a punto de moverse hacia él.
Solo un paso.
Eso era lo peor.
No había sido una fantasía.
ni un pensamiento pasajero. Durante un segundo, Eva había sentido el impu