115. Salvada
Dania.
La puerta de mi habitación se abre y me abrazo con más fuerza a la almohada que tengo al frente, siento mi cuerpo pesado y mi rostro dolorido, en cuanto el peso de Dominic hace que el colchón tras de mí suene me quedo rígida, su voz llega antes de que su mano se pose en mi hombro.
— Ya es bastante tarde Dania, ya te esperé mucho, sal a cenar.
Replicar y quejarme es algo que ya no me atrevo hacer, ya no, sin protestar me levanto de la cama evitando todo contacto con su mirada, él se le