La gala había llegado a su fin. Kenny caminaba con parsimonia al lado de Elly, pero sus perspicaces ojos detectaron una sutil anomalía en la cadencia de la mujer. Kenny advirtió que Elly cojeaba ligeramente mientras se dirigían hacia la zona de embarque.
—¿Te lastiman los pies? —inquirió Kenny. Su tono de voz, impregnado de una genuina zozobra, interrumpió el silencio del solitario pasillo privado.
Elly esbozó una sonrisa tímida, intentando corregir su postura para no resultar una molestia.
—Ah