A la mañana siguiente...
La luz del sol matutino de Nueva York atravesaba los enormes ventanales de cristal, iluminando el majestuoso despacho de la sede central de Aethelgard Capital. Kenny permanecía sentado en su imponente sillón cuando, poco después, Lucas entró con paso firme. Llevaba un grueso montón de documentos que requerían la firma de su jefe, además de un informe confidencial que este esperaba desde la noche anterior.
Lucas se detuvo frente al gran escritorio de caoba de Kenny e incl