La estancia volvió a sumirse en un silencio sepulcral tras la interrogante del doctor Taylor. Erick se quedó petrificado, con las pupilas clavadas en el suelo de mármol, librando una encarnizada batalla interna que le estrujaba el pecho.
—La aborrezco, eso es lo único seguro —articuló Erick tras un prolongado letargo. Su voz resonó grave y ronca, como si hubiera tenido que hacer acopio de sus últimas fuerzas solo para escupir esa sentencia.
Erick se aferró a sus propias rodillas; los recuerdos