Erick regresó a su despacho; sus pasos eran erráticos, arrastrados por una honda zozobra. Pensaba a marchas forzadas, intentando reestructurar su estrategia para proteger a Felix y, al mismo tiempo, tenderle una trampa a Mary.
Las mentiras de Elena y la existencia de aquella cámara oculta habían cambiado por completo el tablero de juego.
De pronto, Erick se detuvo en seco. Sus ojos se iluminaron con vehemencia cuando una idea brillante le cruzó la mente.
Sin perder un solo segundo, tomó el ce