Como imbécil dejé a mi amigo en medio de la conversación, pero es que no podía quedarme ahí sin saber quién era esa chica y de lo que es capaz de hacer. Al acercarme la asusté, la puse nerviosa, eso lo pude detectar, y también del brillo en sus ojos al verme y más cuando bajaban a mis labios. Esa no era imaginación mía, no, era deseo hacia mí y lo comprobé al acompañarla al tocador de mujeres, lástima que nos tuvieron que interrumpir. No insistí para no verme tan urgido, pero realmente si lo es