Zeus emerge, su presencia magnánima llenando el ambiente. Su aura es electrizante, literalmente, con pequeños relámpagos centelleando a su alrededor. Con una sonrisa despreocupada, camina hacia Hades como si entrara a la sala de estar de un viejo amigo y, sin ceremonias, le pasa un brazo por los hombros.
— ¡Eh, hermano! ¡Cuánto tiempo! — dice Zeus, su voz retumbante llenando el salón.
Hades pone los ojos en blanco, apartándose del contacto con un movimiento brusco.
— ¿Qué haces aquí, Zeus? — gr