— Por favor... — Sasha suplica nuevamente, su voz temblorosa, cada palabra cargada de desesperación.
Sus ojos permanecen cerrados, su cuerpo tenso, y el deseo es tan abrumador que aplasta cualquier pensamiento racional, dejando solo una necesidad cruda e insaciable.
— Hazme acabar — exige, ahora sin importarle si hace minutos u horas él estaba herido en la cama.
Cada fibra de su ser arde, la necesidad de liberar el placer acumulado dentro de ella es tan insoportable que casi le corta la respira