ETHAN GARDER
El sonido de teclas aporreándose y cafés enfriándose llenaba la oficina como una sinfonía improductiva.
—¿Sabes qué me estresa de ti, Oliver? —le dije sin mirar, mientras acomodaba los pies sobre mi escritorio—. Que te tomes tan en serio tu trabajo. Debes divertirte más
—¿Sabes qué me estresa de ti, Ethan? —replicó sin inmutarse—. Que trabajes en calcetines con aguacates y aún así te paguen más que a mí.
—Son de la suerte —levanté un pie con orgullo—. Gracias a ellos no me han desp