ETHAN GARDNER
La terraza del restaurante estaba tranquila.
Unas cuantas mesas ocupadas, el sol bajando detrás de los edificios, y Olivia sentada frente a mí, impecable como siempre.
Yo, por el contrario, estaba en llamas.
No por ella —aunque verla siempre me dejaba medio sin aire—, sino por una indignación que me carcomía por dentro.
—No es justo —dije, cruzándome de brazos.
—¿Qué no es justo ahora princeso? —preguntó Olivia con esa voz serena, mientras removía el azúcar en su té con una elegan