EYDAN GARDNER
La puerta se cerró de un portazo tras de mí.
Mi respiración seguía descontrolada.
La mandíbula me dolía.
La entrepierna ardía.
El orgullo… estaba destrozado.
—¡Maldita sea! —grité, y lancé el vaso contra la pared. El cristal estalló en mil pedazos.
Me miré en el espejo del recibidor. El labio partido. La camisa arrugada. Un hilo de sangre seca en la mejilla.
Todo por ella.
Por esa perra.
Olivia.
La novia de Ethan.
La misma que me miró con ese fuego en los ojos, como si tuviera el