LISSANDRA
No pude decir más.
Las palabras se quebraban igual que yo.
Ash no respondió de inmediato. Solo se sentó a mi lado, me rodeó con sus brazos y me atrajo con fuerza contra su pecho, como si necesitara fundirme con él para asegurarse de que no iba a escapar otra vez.
—Perdóname… —susurré con la voz rota—. Lo siento, Ash… —repetí, abrazándome más a él—. Me dejé llevar por el miedo. Por esa parte rota que aún no sabe confiar.
Él parpadeó despacio. No dijo nada aún.
—Vi cosas que no entendí…