—Les queda poco tiempo, caballeros… en su lugar lo utilizaría para despedirme de la perra cazadora—se burlo Pixy, mientras reia de forma sarcástica.
Sin embargo, aquella risa duro poco, cuando su cuerpo comenzó a endurecerse, volviéndose tan rigido como la piedra bajo sus pies.
>—No… mi señor, no…—comenzó a decir ella.
Pero era demasiado tarde, antes de tan siquiera comprenderlo, el señor de las sombras se habia desvanecido en el olvido, llevandose consigo la promesa de vida que le habia ofreci