Rígida como una piedra, totalmente inmóvil, Selene se quedo de pie en el medio de la sala de baño, observando con la boca seca a Dimitri.
El lobo, con una sonrisa arrogante, se había desnudado por completo para ella, deslizándose dentro de la tina llena. Los ojos de la cazadora habían saboreado la hermosa belleza que se desplegaba ante sus ojos, pero se sintió incapaz de perderse debajo del rastro que marcaba el abdomen plano y la V de su cadera.
Selene no se sentía con la fuerza suficiente com