Los labios de Dimitri estaban tan cerca de los suyos que parecía algo sacrílego no besarlos. Sin embargo, ella estaba acostumbrada a trascender los limites de lo profano, y no lo hizo.
Selene simplemente lo observo, directamente al azul de sus ojos inyectados de océano, al mismo tiempo que sus palabras se arremolinaban en su interior, anidando en el centro de su pecho.
De alguna forma, de cierta manera, esas palabras le daban paz y tranquilidad. Un alivio que llevaba buscando desde que surgió e