Capítulo 212.
El aire se había hecho más firme como si una especie de sabana invisible las rodeara, consolándolas en silencio.
Y en ese momento la morena, esa guerrera que toleraba la tortura de ser arrastrada durante horas sin quejarse, extiende una mano y la coloca en el hombro de la princesa destrozada, dándole consuelo solo por unos segundos para después decir con la voz más firme y dura que había utilizado jamás.
— Nada en esta vida es sencillo, hasta los árboles si se rompen vuelven a renacer, eres la