Mi cuerpo sigue recostado en las costosas sábanas de seda negras, un color que parece amar porque es el mismo que las cortinas y que el mármol del baño.
No lo cambio porque también me atrae, es muy elegante y de paso no se nota la suciedad o los fluidos dudosos que quedan en las sábanas después de anoche.
La luz del sol es la culpable de que no siga en el mundo de los sueños, algunos cálidos rayos caían sobre mis ojos y eso los obligó a despertar. Siempre adoré sentarme en el sol para leer,