Estaba muy celoso, no es común que mis hombres no sigan mis órdenes al pié de la letra por culpa del miedo que sienten hacia mí, morir sería poco si se alguno se atreve a tocar a mi Gianna.
Las órdenes fueron claras, no entrar a menos que ambos lo gritemos a cuatro vientos por ayuda o me encargaría de entrenar con cada uno y dejarlos donde pertenecen, en el suelo.
Soy el jefe, sin embargo mis días y horarios de entrenamiento son iguales a los de cualquiera, con justa razón debo ser más fuerte