La diosa luna no pude elegir mejor estrategia para detener mis acciones, conocía perfectamente los sentimientos que todavía dominaban mi corazón y atormentaban mi mente al verme cruelmente alejada del amor de mi vida. Supo cuál de todos los botones rojos era el que debía apretar para frenar el plan que finalmente me otorgaría algo de paz, o como mínimo una satisfacción personal que se le haría atravesar y infierno a la manada que ahora en adelante tendré que dirigir.
Stefano siguió al pie de l