Los señores vampiros que ocupaban la larga mesa de brillante ébano escuchaban con atención lo que Ryu les exponía. De los excesos de la noche anterior, no quedaba más que el recuerdo.
La brisa nocturna arrastraba consigo el aroma a salitre, penetraba por las ventanas abiertas de par en par junto con el rumor de las olas. Hubiera sido una escena idílica de no ser por las aciagas noticias que Ryu les contaba. Vlad en un extremo de la mesa lo miraba con sus ojos azules de expresión indescifrable