El reloj de la mesita de noche dio las tres de la mañana cuando el profesor Vincent Black abrió los ojos y se encontró frente a él con una imagen irreal.
Parpadeó varias veces antes de restregarse con fuerza los ojos, creyendo que todavía estaba dormido. Alargó la mano, tomó los lentes de montura de carey de la mesita y se los colocó para ver mejor lo que estaba en el umbral de su puerta.
Una mujer de largo cabello que se extendía a su cintura, negro como el ónix y reluciente hasta dar reflej