Amaya montó la primera motocicleta que encontró, con una patada arrancó y aceleró de inmediato.
Las lágrimas no la dejaban ver. Estaba preparada para que los guardias en el portón se le opusieran, pero no fue así, nadie la detuvo.
Cruzó el portón electrónico y salió a la noche fría. La carretera estaba mojada, después del primer derrape se dio cuenta de que lloviznaba, pero no disminuyó la velocidad.
Había sido mentira. ¡Todo era mentira! ¡Qué ingenua fue al creer que un vampiro podía amar!