No había tiempo que perder.
Punto de vista de autor.
Sofía, Adán y Kanu se arrodillaron en la parte trasera del bote con forma de cisne que los transportaba por el río lento, el cual serpenteaba a través del túnel oscuro, riéndose de emoción mientras espiaban a sus padres. A pesar de la oscuridad que los rodeaba, sus agudos ojos de lobo podían distinguir los cuerpos de sus padres a través de la penumbra y vieron que Dante estaba a punto de besar a Selene.
Esa era la oportunidad exacta que habían esperado.
—Sofía, eres un