Era su maldición.
Punto de vista de autor.
La expresión en su rostro aterrorizó a Selene.
Cuando contestó el teléfono, todo el color desapareció de sus mejillas y su mandíbula se puso rígida. Sus ojos se cerraron con fuerza, como si le doliera cuando la persona al otro lado de la línea habló. Lo siguiente que oyó fue que debía ir rápido.
—¿Qué ocurre? —Se puso de pie de un salto.
—Es Romí —respondió Dante. Su voz era pesada, como la grava.
El lugar comenzó a dar vueltas mientras el temor ataba el estómago de Sel