Escapando de un mal amor. Capítulo El despertar
Su padre se acercó lentamente, sus pasos eran pesados, como si cada uno cargara con años de dolor acumulado.
Lo miró con ojos apagados, pero llenos de una determinación que solo nace del sufrimiento.
—Hijo… —dijo con voz temblorosa, pero firme.
Samuel alzó la vista, su mandíbula apretada por la tensión, pero sus ojos mostraban algo más: rabia contenida, desilusión, una herida abierta que no terminaba de sanar.
—Es Tamia —dijo sin rodeos, con un tono seco y amargo—. Voy a encontrarme con ella. Ll