Sergio Torrealba bebía vino en la penumbra de su casa, hundido en un silencio apenas roto por los gritos desesperados de Lorna, que retumbaban desde el sótano.
Gritaba su nombre, suplicaba, lloraba… pero a él no le importaba. No más. La rabia aún le hervía en las venas.
Lorna había roto lo último sagrado que le quedaba: las fotos de Ariana. Incluso la de su boda.
Aquella imagen, la más preciada, donde ella sonreía como si aún creyera que él era un hombre digno… había sido desgarrada por la mita