Hospital comunitario
Medianoche
Los pasillos del hospital olían a desinfectante y ansiedad.
Cada segundo se sentía como una eternidad para Miranda, que iba y venía como una sombra sin rumbo, con los dedos entrelazados en un nudo de nervios y los ojos rojos de tanto llorar.
Su madre estaba junto a ella, sentada, intentando darle apoyo, aunque también se le notaba al borde del colapso.
—Tiene que salir bien… tiene que salir bien… —murmuraba Miranda una y otra vez, como si ese mantra pudiera cambia