Al día siguiente, Sergio abrió los ojos en medio del salón, confundido.
La cabeza le palpitaba como si un enjambre de pensamientos venenosos le recorriera las sienes.
Parpadeó, notando que aún vestía la misma ropa del día anterior.
Se incorporó, frotándose el rostro con fastidio. ¿Cómo se había quedado dormido allí? ¿Qué había bebido?
Con pasos pesados subió las escaleras. Al abrir la puerta de su habitación, la vio a ella.
Lynn dormía plácidamente, acurrucada entre las sábanas de satén, su resp