Estos meses que habían pasado solo había recibido bendiciones, había días en los que me ponía a trabajar con este par de señores mayores que tenían más vitalidad que yo, por eso les decía chiquillos. Mi familia ya los conocía, ellos pensaban que eran jóvenes y se burlaron mucho de mí al conocerlos. Ese par de señores a mí me estaban han enseñado infinitamente.
Habían sufrido a lo largo de los años y verlos reír porque se sentían tranquilos, ahora en su vejez no tenía precio. Los otros que me en