Los ojos se me humedecieron. El resto de la mañana la pasamos entre risas y hablando tonterías. Almorzamos juntas y una vez llegó Virginia se retiró.
—Hola, Patricia. ¿Cómo sigues?
—Es bastante cansón no poder moverme, pero en este momento lo primero es mi hijo.
—Tú lo has dicho. —sacó su portátil—. Quiero mostrarte un par de cosas.
—¿Viniste a trabajar enseguida?
—No es eso, tengo solo dos horas, Maju viene con los niños y supongo que querrás pasar con María Paula.
—Menos mal no se le han dado