Mis manos las tenía por debajo de la mesa y me aferraban a mi pantalón, lo estaba arrugando. Los nervios iban a complicarme la vida. «Cálmate, contrólate, tienes un bebé en tu vientre».
—Por fin dejaré de hacer el ridículo.
Fueron las palabras de José Eduardo, miré a Socorro del Carmen, su mirada me transmitió resignación. Jamás olvidaré este apoyo de su parte, y sobre todo porque desde hace un tiempo lo supo y no me juzgó, tampoco cambió su trato para conmigo, no me dio la espalda nunca.
» Tod