Botó el anillo, esperaba en la silla a que Carlos se desocupara de un caso importante. Miré mi argolla, yo jamás me la quitaré, él se divorció de mí, pero yo jamás me divorciaré, o no por ahora. En mi mente seguirá siendo mi esposo, así haga su vida con otra mujer, yo me casé por la iglesia, y no dudo que dentro de poco rehaga su vida, era un hombre atractivo, no era el más bello del mundo, pero sin duda alguna tenía talante de ser un macho en todo el sentido de la palabra.
—Perdona el hacerte