Eyra sonreía con su tercer orgasmo de esa mañana, bendito el día que se mudo con Konstantin. Habían pasado dos semanas, dos buenas semanas llenas de sexo matutino y nocturno, durante el día, ella se la pasaba como Superintendente y él estaba ordenando la llegada de nuevos agentes con Agusto y Darrell.
— Tengo que irme amor – sonrió Eyra.
— Pero es tu día libre – la miró, saliendo de entre sus piernas.
>> Sí, pero ya tengo planes con tu mejor amigo que supones está muerto. <<
— Pero aún tengo