Alexa
Habían pasado los días, semanas, y Ramiro no aparecía. Y lo peor de todo: no aparecía el culpable de lo que le había pasado a esa chica, en dado caso de que no fuera él el culpable, que sinceramente yo estaba muy segura de que él era el responsable. La policía no había podido dar con su paradero y, mientras más pasaba el tiempo, más nerviosa me ponía. Pero tenía que seguir mi vida de la misma manera. Una mañana, me levanté sin ganas de ir a trabajar, pero cuando salí de la ducha, sonreí