Alexa
Cuando me veo en el espejo, no estoy muy convencida de lo que estoy haciendo. Vamos, tengo 40 años y dos hijos adultos. Creo que el vestido no es acorde a mi edad. Suspiro y volteo a ver a Tommy, que me mira como si le salieran corazoncitos de los ojos y con una enorme sonrisa en su rostro. Coloco mis manos en la cintura y, cuando ve mi rostro, él comienza a negar. Se pone de pie y suspira, señalándome algo molesto.
—No me pongas esa cara, te ves hermosa, increíble, sexy. Dios, ya quisier