Aidan abrió los ojos encontrándose solo en la habitación de Lucian. Pestañeó lentamente y se abrazó a la almohada que todavía tenía la fragancia de él. Olía tan bien que lo hacía sentirse cómodo. Aún podía sentir su piel hormigueando por el contacto con el lobo y se encontró sonriendo ligeramente.
Lucian parecía estarle correspondiendo. Después de todo su trabajo no había sido en vano.
Se levantó y se metió en el baño. Ese día estaba decidido a lograr parte de su plan y nadie lo detendría. Haría