White no supo cuánto tiempo tuvo la mujer entre sus brazos. Podía escucharla llorar y temblar como si pudiera quebrarse en cualquier momento, como si hubiera perdido todo en su vida. No importara con cuantas feromonas la envolviera, ni lo que le dijera, ni si sus manos recorrían su cuerpo en un intento de tranquilizarla, ella no parecía tener consuelo alguno. Y podía sentir su dolor, que apretujaba su propio corazón con cada sonido que salía de su garganta. El enlace ardía como si esto pudiera