No fueron tan lejos como Xana pensó. Ni siquiera el alfa y sus cachorros se transformaron, más bien ellos se adaptaron a ella caminando a su lado. Nill de la mano de ella, y Sibyl sobre el brazo de su padre. Tras media hora de caminata y bajar subir una pequeña colina los ojos de Xana se quedaron muy abiertos ante lo que vio.
-¿Te gusta?- le preguntó White a lo que Xana tuvo que responder asintiendo con la cabeza.
Y como no hacerlo si lo que se extendía delante de ella era un campo de azucenas