Capítulo 144

​La noche terminó por envolver la mansión Montenegro en un profundo silencio. Diego acompañó a Elena hasta la puerta de su habitación. Antes de marcharse, le acarició el cabello con suavidad.

​—Descansa. Necesitas dormir.

​Elena respondió con un leve asentimiento. Estaba agotada. Entre todo lo que había sucedido durante los últimos días y las incontables noches sin poder descansar, sentía que su cuerpo había llegado al límite.

​Cuando la puerta se cerró, caminó despacio hasta el cuarto de baño.
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Flor Emilia Bustos Peñame encantó, una novela que me hizo llorar muchas veces, otras veces rei unmpicocon cada ocurrencia . peto muchas gracias pir regalarnos estas novelas.
Andreina Garciame encantó la historia de Elena y diego
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