Nadie dijo una sola palabra después de que Ignacio Robles pronunciara su nombre.
El abogado de mediana edad se mantuvo erguido en el centro de la sala. Su mirada era fría; recorrió uno a uno los rostros de los miembros del consejo antes de fijarse en Alonso Vega.
—Por instrucciones por escrito del señor Arturo Montenegro, este documento debe ser leído antes de que el consejo tome cualquier decisión mientras él esté indispuesto.
Alonso se puso de pie. Su silla arrastró con fuerza contra el su