El coche de Diego frenó en seco frente a la entrada del hospital. Antes de que apagase el motor, Elena ya había empujado la puerta para salir. Echaron a andar a paso rápido por el vestíbulo hacia la unidad de cuidados intensivos.
La enfermera de recepción se puso de pie en cuanto los vio llegar.
—¿Señorita Elena?
Elena asintió de golpe.
—Mi padre... ¿cómo está?
La enfermera tomó aire despacio antes de responder:
—El señor Arturo no ha dejado de preguntar por usted y por el señor Diego.
A Elen