El día era opresivamente cálido en la corte de Theros, como si el aire mismo supiera que algo estaba a punto de estallar. Lady Violeta Lancaster, con su porte digno y expresión serena, caminaba por los corredores con un propósito claro: encontrar respuestas. No era la primera vez que sospechaba que los hilos de su vida eran movidos por manos ocultas, pero nunca pensó que una de esas manos pudiera haber sido tan cercana… tan familiar.
La investigación había comenzado con un simple comentario de