El cielo del reino de Theros se abría esa mañana con un matiz plomizo, como si las nubes arrastraran el peso de tantas decisiones no dichas. El perfume de los jardines imperiales flotaba con suavidad en el aire, anunciando que la tormenta había cesado al fin. Las flores se sacudían el rocío como si también ellas despertaran de un sueño prolongado.
Lady Violeta Lancaster, tras varios días en reposo por su pie lastimado, finalmente se sintió con fuerzas para abandonar sus aposentos. El vendaje aú