El sonido de los cascos sobre la tierra húmeda rompía el silencio matutino del bosque, donde las ramas aún goteaban después de la tormenta. El cielo había despejado apenas un poco, dejando nubes plateadas arrastrándose por encima de los árboles altos, como si el clima todavía dudara entre la calma y el desorden.
Los sirvientes ya estaban atareados junto a los carruajes: amarrando baúles, ajustando ruedas, dando de comer a los caballos. El cochero principal esperaba instrucciones formales. Era u