La tarde caía lentamente y la luz dorada del sol se colaba por las ventanas del taller improvisado de Emma. Sobre la mesa reposaban rollos de tela satinada, agujas, cintas y bocetos a medio terminar. Leonard observaba cada movimiento con una mezcla de intriga y nostalgia, como si aquella escena le devolviera un pedazo de su mundo perdido.
—Nunca pensé que trabajarías en algo así —murmuró él, acariciando con la yema de sus dedos una de las telas que Emma había desplegado.
Emma, con una leve sonr