La mañana amaneció limpia, bañada por un sol que se filtraba entre los altos edificios de Nueva York. Emma Valmont se miró una última vez en el espejo antes de salir: chaqueta sobria, camisa blanca impecable y un toque de carmín en los labios. No era una cita cualquiera, era su primer día en la editorial más importante con la que había soñado trabajar desde que abrió su pequeño blog literario.
Leonard la observaba desde el sofá, todavía con una ligera expresión de asombro que no conseguía disim